lunes, 14 de mayo de 2012

Duros enfrentamientos en Líbano entre sunitas y alawitas


El levantamiento en Siria está provocando, por tercer el día consecutivo, intensos enfrentamientos en Líbano con hombres armados disparando rifles de asalto y granadas propulsadas por cohetes; los enfrentamientos estallaron la noche del sábado en Trípoli después de que las autoridades detuvieron a ciudadano libanés Shadi Mawlawi, un abierto crítico del presidente sirio Bashar Al-Assad. El Fiscal Militar, Saqr Saqr acusó a Mawlawi y a otras cinco personas –entre ellos un qatarí, un palestino y un jordano- de pertenecer a un grupo armado y de llevar a cabo actos armados dentro y fuera de Líbano.

Mawlawi fue engañado presuntamente por la Seguridad General con el pretexto que iba a recibir atención médica, en una oficina de bienestar social del Ministro de Finanzas -Mohammad Safadi- en Trípoli; pero Mawlawi y otros cinco sospechosos libaneses fueron acusados el lunes de pertenecer a un grupo terrorista armado” y se los arrestó. La detención de Mawlawi fue condenada, tanto por Safadi como por el Primer Ministro Najib Mikati, y este último describió la forma en que se llevó a cabo la detención como "inaceptable".

Los combatientes sunitas sostienen que la raíz del actual conflicto que tiene que ver con los disparos de Siria y de acuerdo a su visión, desde allí se quiere que de esta manera comience una batalla en Trípoli. Grupos de hombres, muchos de ellos con fusiles de asalto y vistiendo chalecos militares, permanecieron en los callejones agazapados para evadir a los francotiradores en las colinas sirias.

Fuentes oficiales dijeron que cuatro hombres murieron, en el barrio pro-Assad de Jabal Mohsenl, mientras que la quinta persona fue asesinada cerca de Bab al-Tabbaneh, probablemente por opositores a Al-Assad. La tensión y el miedo se habían apoderado de Trípoli cuando después de grandes esfuerzos, tanto políticos como de seguridad, no pudo mantener un alto el fuego a lo largo de las líneas de demarcación entre los barrios rivales y hombres armados fueron vistos en la calle de Azmi por primera vez desde que estallaron los enfrentamientos.

Bab Al-Tebbaneh, una zona pobre de la ciudad portuaria de Trípoli, poblada principalmente por musulmanes sunitas se encuentra frente a Jabal Mohsen, donde la mayoría de los residentes son de la minoritaria secta alawita, a la que pertenece la familia gobernante siria Al-Assad. La tensión entre los dos barrios ha sido habitual durante años y ha llegado en varias ocasiones a puntos de suma tensión, desde que estalló la revuelta contra el régimen sirio en marzo de 2011; los últimos problemas del fin de semana fueron como consecuencia que las fuerzas de seguridad libanesas arrestaron Al-Mawlawi, acusándolo de pertenecer a una organización terrorista.

Tres unidades del ejército libanés fueron desplegadas en Trípoli, durante la noche del domingo en un intento por poner los enfrentamientos en los que murieron tres personas, entre ellas un soldado. La lucha ha disminuido el domingo por la mañana, en gran medida, por el fuerte despliegue del ejército libanés; las fuerzas de seguridad levantaron puestos de control para mantener la carretera que une Trípoli con Akkar, que podría convertirse en blanco de los disparos de francotiradores.

Mikati, habló telefónicamente con los diputados por Trípoli, Mohammad Kabbara y Jisr Samir y sostuvo una serie de reuniones con los sectores de la seguridad, religiosos y los funcionarios del Ejército de la ciudad. Mikati declaró que “Todos estuvimos de acuerdo que la seguridad de Trípoli es una línea roja” y pidió a los funcionarios de seguridad que lleven a cabo plenamente sus funciones.

Una fuente del gobierno libanés negó el Primer Ministro Najib Mikati haya recibido un mensaje de Damasco exigiendo un cambio en su “política de disociación“para con Siria. El periódico An-Nahar, dijo que Siria presionó al gobierno de Mikati, exigiéndole que “tome decisiones y compromisos claros"; en su informe, An-Nahar dijo que las otras condiciones impuestas por Siria están apoyando las demandas del líder del Movimiento Patriótico Libre, Michel Aoun, que quiere el control de los refugiados sirios en el país y la celebración de elecciones parlamentarias, sobre la base de representación proporcional.

El Tribunal Militar ya acusó a Mawlawi de estar relacionado a una organización terrorista no identificada y adelantó que será enviado a juicio militar. Mientras, los islamistas sostienen que Mawlawi estaba trabajando con los refugiados sirios que habían huido a Líbano; por la misma frontera que ha permitido el paso de refugiados, insurgentes, armas y elementos radicales a Siria. Una declaración de Al-Jamaa Al-Islamiya, un grupo islámico de Trípoli, criticó la detención de Mawlawi debido a la falta de un debido proceso.

La política libanesa siempre ha sido un delicado acto de equilibrio. Los libaneses están divididos en 18 diferentes grupos étnicos-religiosos, los cuales a menudo realizan alianzas entre, para mantener su status quo de poder dentro de un sistema político fragmentado; pero estos grupos tienen una división fundamental: los que están a favor de Siria y los que están en contra del régimen sirio. El actual gobierno de Mikati, es controlado por la Coalición 8 de Marzo -liderada por Hezbollah- ha tratado de evitar un conflicto con Siria y con los opositores a éste dentro de la comunidad internacional manteniendo una “política de disociación” de los hecho en Siria.

El mes pasado, por ejemplo, funcionarios libaneses incautaron envíos de armas pesadas destinadas a la oposición siria, en un intento por cumplir con la solicitud siria de controles fronterizos más estrictos. Pero en otras partes del país, en particular al norte cerca de la frontera con Siria, el área está habitada mayoritariamente por musulmanes sunitas que se oponen firmemente a Al-Assad.

Los grupos sectarios están cada vez más polarizados en Siria entre sunitas, cristianos, drusos, alawitas; todos ellos tienen vínculos directos con sus correligionarios dentro del país y es por ello que Líbano está consciente de su vulnerabilidad, dada la inestabilidad actual. Incluso Hezbollah, que apoya formalmente el régimen de Al-Assad, ha caminado con cuidado cuando se trata de Siria; desde la guerra civil, las tensiones sectarias siempre han acechado a la política, pero el Acuerdo de Taif ha mantenido las líneas sectarias en una paz frágil.

Mientras el conflicto sirio está afectando cada vez más la estabilidad interna libanesa, el país ya está lidiando con las tensiones sectarias pre-existente, la recesión económica, un gobierno débil y dividido sumado a la existencia de un Estado dentro del Estado, como es Hezbollah. Exportar un nuevo conflicto sería un suicidio político para Líbano.


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