miércoles, 14 de septiembre de 2011

Los politicos de Líbano toman parte sobre Siria



Durante su visita a París la semana pasada, el patriarca maronita Bechara Al-Rai dijo a France 24 que la situación en Siria -donde más de 2.600 personas han muerto desde el inicio las manifestaciones- era un genocidio. A pesar de su declaración es vaga -no aclaró contra quien se está cometiendo el genocidio- Al-Rai fue claro acerca de su convicción que el presidente sirio Al-Assad es capaz de implementar la reforma, considerando que es una persona de "mente abierta"; y aunque Al-Rai dijo más tarde que sus palabras habían sido sacadas de contexto, su declaración produjo fuertes reacciones entre las figuras de la clase política e intelectual y especialmente entre la población cristiana libanesa que está muy dividida a lo largo de las líneas políticas nacionales.

El debate sobre las polémicas declaraciones del patriarca maronita Al-Rai motivó que el propio líder religioso tuviese que dar explicaciones y pedir disculpas; pero las diferentes respuestas de las figuras políticas libanesas revelaron la fragmentación que existe primero sobre la situación en Siria, pero más importante aún, las líneas de conflictos que subyacen entre los diferentes sectores religiosos de Líbano que ven a los cambios en Damasco como una posible usina de futuros enfrentamientos en el país.

La Coalición 14 de Marzo instó a los Estados árabes y a la comunidad internacional a tomar medidas concretas para proteger al pueblo sirio de la violenta represión, también condenó los repetidos intentos de las autoridades libanesas para apoyar el régimen sirio y el apoyo que en las arenas árabes e internacionales; esta acusación se basó en el informe que presentó la Alta Comisionada de DDHH de ONU, Navi Pillay, quien dijo que hasta el momento unos 2.600 civiles han muerto como consecuencia de la represión en Siria.

La oposición de la Coalición 14 de Marzo a las acciones del gobierno libanés sobre las política de Mikati respecto de Siria se viene manteniendo desde que el 3 de agosto Líbano se disoció de la declaración del Consejo de Seguridad de la ONU que condenó la violencia contra manifestantes por parte del gobierno de Siria, argumentando que tal declaración no ayudaría a resolver la situación. El Primer Ministro Mikati ha dicho repetidamente que Líbano se mantendrá neutral en cualquier decisión internacional sobre Siria, sin embargo Mikati dijo que Líbano tampoco puede permitirse el lujo de estar en cualquier confrontación con la comunidad internacional por lo que Líbano podría haber bloqueado la declaración del Consejo –que no tendría mayores repercusiones- pero en cambio si colaboraría con el Tribunal Especial para Líbano (TEL).

Después de los diálogos sirio-libaneses en Siria, una serie de intelectuales y activistas libaneses publicado un documento sobre el futuro que esperan ver entre Líbano y Siria, a la luz de la insurrección de Siria y sus objetivos. El documento también fue aprobado y firmado por intelectuales y activistas sirios.

Del cuerpo del documento se pueden extraer una serie de puntos sobresalientes como el pedido del reconocimiento definitivo a Siria de la independencia de Líbano; el establecimiento de relaciones diplomáticas libres; la fijación definitiva de la frontera sobre la base de una articulación voluntad para eliminar todas las ambigüedades; el establecimiento de un Estado nacional sirio gobernado por un régimen democrático; Siria y Líbano libres como un apoyo natural para las ambiciones del pueblo palestino a establecer su propio Estado independiente con Jerusalén como su capital y relaciones bilaterales normales, iguales y equilibradas entre los dos Estados que viven en un espacio cultural común y comparten una vida económica entrelazada y profunda gama de vínculos sociales.

En ambos países, Siria y Líbano, existen diferentes grupos que poseen intereses y objetivos particulares muchos de ellos vinculados con actores internacionales, lo que complica más aun el escenario. A partir de la confluencia de esta diversidad de intereses, personalidades en Siria y Líbano ya han comenzado a trabajar para establecer las pautas de un nuevo escenario –aunque todavía es muy temprano- donde la familia Al-Assad no esté a cargo del poder en Siria y Hezbollah tenga un rol más reducido en Líbano; una suerte de balance de las injerencias externas que permitan el establecimiento de figuras locales sin alta dependencia de fuera del país.

Por ello las declaraciones como las realizadas por Al-Rai, donde se lanza el comentario respecto que un enfrentamiento sunita-alawita tendría como resultado una guerra civil que terminaría en un genocidio no ayudan a reducir la tensión religiosa dentro de Líbano que ya tiene enfrentados a los cristianos entre sí, dentro de un Estado dominado demográficamente por musulmanes, pero que comparten el poder en partes iguales según el Acuerdo de Taif.

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