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miércoles, 25 de junio de 2014

Hezbollah y el Ejército de Líbano ¿Quién ayuda a quién?


Funcionarios de seguridad libaneses han informado de una explosión en un hotel en el centro de Beirut durante una redada de seguridad fallida. El presunto sospechoso se inmoló en su cuarto el miércoles en el Duroy Hotel y el Ministerio del Interior del Líbano dijo que el atacante suicida, de nacionalidad saudí, fue muerto en la explosión y un segundo fue detenido por personal de seguridad.

El atacante suicida mató e hirió a por lo menos cuatro agentes de seguridad en el hotel, que está cerca de la embajada de Arabia Saudita, en lo que es la tercera explosión en el Líbano en menos de una semana.

El humo negro se veía desde el complejo hotelero situado en el distrito de Rachet en Beirut cerca del Mar Mediterráneo, y de acuerdo con Associated Press, un funcionario en de Seguridad General las fuerzas de seguridad estaban asaltando el hotel cuando el sospechoso en el 4to piso detonó explosivos en su habitación del hotel.

El Ministro del Interior, Nouhad Machnouk, dijo que "Este fue un ataque preventivo por Seguridad General porque se suponía que los terroristas suicidas iban a llevar a cabo un ataque en otro lugar". Temprano en el día, el Ejército libanés dijo que arrestó a un grupo terrorista de 5 miembros, que planeaba asesinar al jefe de Seguridad General del Norte de Líbano, Tte. Cnel. Khattar Nassereddine.

Los sospechosos acusaron a Nassereddine de la preparación de informes de Inteligencia del Ejército libanés sobre las actividades de los jóvenes musulmanes en Trípoli; además Nassereddine también estuvo detrás de la polémica detención del islamista Shadi Mawlawi en 2012. Los sospechosos incluyen a Wiam Mustafa, un profesor de 28 años de edad de la Universidad francesa libanesa (ULF) en la provincia norteña de Koura; Bilal Al-Mustafa, estudiante de 18 años de edad; y Abdul-Rahman Al-Sayyed, estudiante de ingeniería civil de 23 años. Otra célula detenida estaba compuesta por Wassim Ahmad Al-Qass, Wissam Ahmad Al-Qass, Danny Ahmad Al-Qass, Amjad Al-Khatib Nouhad y Nabil Kamel Baida, oriundo de Qalamoun y era buscado por las autoridades libanesas con varias órdenes de detención.

Inteligencia del Ejército arrestó hoy a Abdul Rahim Al-Asir, primo del clérigo salafista fugitivo Sheikh Ahmed Al-Asir, en Abra -suburbio de Sidón- que era buscado por su apoyo a los rebeldes sunitas anti Al-Assad. Abdul Rahim al-Asir fue aprehendido en la farmacia donde trabajaba.

Las FFAA libanesas se enfrenta a un acto de equilibrio de enormes proporciones ya que deben tomar medidas enérgicas contra el terrorismo sunita mientras se mantiene la percepción de neutralidad que surgió tras el asesinato del ex PM Rafik Hariri en 2005. Esta neutralidad ha sido cuestionada por el prolongado conflicto en Siria y las reacciones del Ejército sobre la participación de Hezbollah y los combatientes yihadistas. Dada la influencia de Hezbollah, el Ejército libanés no ha podido hacer mucho acerca de su participación en la guerra de Siria, por temor a una reacción interna si arrestan a los militantes de Hezbollah que se dirigían a Siria. Sin embargo, el Ejército es capaz de enfrentarse a contra los yihadistas sunitas, ya que no tienen el apoyo de ninguna fuerza política libanesa importante. 

Se puede argumentar que los yihadistas sunitas suponen una amenaza para la seguridad interna mientras que los combatientes chiitas contribuyen a la misma y están contenidos por una estructura política que forma parte del gobierno. El punto es que muchos sectores no perciben esta diferencia y ven una pérdida del liderazgo político de la comunidad sunita junto a la utilización del Ejército libanés como una herramienta más de los grupos chiitas para su propio beneficio; la aplicación de una doble moral por parte del Ejército libanés, que permitía el paso de combatientes de Hezbollah a Siria pero combatía a los rebeldes sirios en Líbano ha puesto en tela de juicio la histórica imparcialidad del Ejército.

Los éxitos recientes de la cooperación del Ejército libanés con Hezbollah han permitido la detención de fugitivos y el desbaratamiento de redes yihadistas o complots para bombardear Líbano. Estas operaciones tienen un fuerte componente de Inteligencia de Hezbollah, y hacen que la percepción de inequidad de los sunitas se acreciente. En el fondo, la ausencia de un Estado fuerte demanda de un diálogo con todos los sectores pero la debilidad de las instituciones libanesas –sus FFAA por caso- lleva al Estado a apoyarse en estamentos como Hezbollah para asegurarse su propia supervivencia.



jueves, 4 de julio de 2013

Líbano: entre Egipto y Siria


La semana pasada el presidente egipcio, Mohamed Morsi, anunció que su país sería el tercer Estado árabe en romper relaciones con Siria y expresó su apoyo a una zona de exclusión aérea impuesta por Occidente; Morsi hizo el anuncio mientras los clérigos sunitas de línea dura pedían a los jóvenes yihadistas egipcios que libren una guerra santa contra el régimen sirio y los militantes de Hezbollah. El pan-islamismo sunita está reemplazando el concepto de pan-arabismo, como resultado de la internacionalización del conflicto sirio, lo que provocó algunas asociaciones en la región, aumentando la tensión. El enfriamiento de las relaciones Hezbollah-Hamas Irán-Hamas, junto a la creciente alianza de Hamas con el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Turquía y Qatar, son indicativos de esto.

Lo que está sucediendo en Egipto se está reflejando en todo el mundo árabe, sobre todo en los movimientos islámicos, tanto los gobernantes y los que luchan por llegar por oponerse a la tendencia nacionalista y progresista entre la juventud árabe. Es la batalla del Islam político en su intento de llegar al poder, no sólo en Egipto, sino en toda la región. La caída de la Hermandad Musulmana en Egipto dañará a los diversos partidos y organizaciones que levantan la consigna de "El Islam es la religión del Estado" y consideran a los musulmanes que se oponen a sus puntos de vista como apóstatas, y mucho menos a los seguidores de otras religiones, sobre todo cristianos.

Las declaraciones hechas por un grupo de hombres religiosos sunitas tras los enfrentamientos en Sidón insisten en "las injusticias que ha sufrido la secta", esta semana las llamadas se hicieron en los medios de comunicación sociales a participar en "la revolución dignidad" en solidaridad con Al-Asir, que sería seguida por una marcha hacia la mezquita de Abra, las declaraciones están firmadas por "el pueblo sunita de Sidón”. El ascenso y la caída de Al-Asir también deben leerse en el contexto más general del movimiento salafista en Líbano, en particular, y el estado de los sunitas de Líbano en general.

No parece haber ninguna duda que Hezbollah jugó un papel sospechoso en la eliminación del Sheik Al-Asir en Abra, esto ha enfurecido a muchos sunitas libaneses; sin embargo, la sensación de muerte se cernía sobre Líbano desde antes de esa confrontación ha disminuido y muchos libaneses han apoyado al Ejército y no lamentan la derrota de Asir. En parte, esto es un reflejo del cambio de actitud hacia los acontecimientos en Siria: en el Líbano, el estado de ánimo está cambiando decisivamente en contra del levantamiento sirio -no por simpatía hacia Al-Assad- sino porque existe la percepción que la guerra civil puede extenderse a Líbano mediante los elementos salafistas.

Para empeorar las cosas, la comunidad sunita está indignada por la forma en que el Ejército se dejó manipular por Hezbollah en Abra, y está cada vez más aislado aunque su narración de los hechos no está en total contradicción con la de otras comunidades del país -creen que el salafista radical provocó el Ejército y pagó el precio por su imprudencia- debido al temor que subyace en toda la sociedad.

Al-Asir mantiene una relación ambivalente con tanto Al-Mustaqbal y Al-Gamaa Al-Islamiya, las dos fuerzas políticas dominantes en Sidón. Al-Asir ha sido respaldado por Bahiya Al-Hariri -el parlamentario de Sidón- pero una declaración del Secretario General de Al-Mustaqbal en Sidón, Ahmed Al-Hariri, sugirió que Al-Asir no era más que "una espina en costado de los opositores". La falta de una visión política o ideológica clara, por parte de los líderes de Al-Mustaqbal, a menudo obliga a recurrir al discurso sectario con el fin de movilizar a su base social y en este contexto los islamistas –especialmente los elementos radicales- son considerados como herramientas útiles para asegurar el apoyo popular.

El presidente sirio, Bashar Al-Assad seguramente estará contento con la caída de uno de sus principales detractores en Egipto y puede permitirse declarar que "El que trae la religión para usar en la política o en favor de un grupo a expensas de la otra va a caer en cualquier parte del mundo. El resumen de lo que está sucediendo en Egipto es la caída del llamado Islam político". La Hermandad Musulmana siria y los sunitas sirios –al igual que sus pares libaneses- han perdido a uno de sus principales apoyos regionales y eso es un respiro para los chiitas y alawitas.


miércoles, 26 de junio de 2013

El fenómeno Al-Assir frente al temor sunita


El presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, programó tres sesiones legislativas consecutivas para la próxima semana, destinadas a estudiar y aprobar los 50 proyectos de ley, incluidos en la agenda parlamentaria. Berri, que habló durante su reunión semanal con los parlamentarios, señaló que estaba considerando la posibilidad de modificar la composición de la comisión encargada de buscar una nueva ley electoral, para la que incluiría tanto a legisladores como a ministros; el funcionario chiita también dijo que el período de cada vez más "delicado" por el que pasaba el país exige la formación de un gobierno lo más pronto posible.

La representante de RREE de la UE, Catherine Ashton, dijo que "Unión Europea reitera su compromiso con la paz en Líbano, la unidad, la soberanía y la independencia. La UE apoya firmemente todas las instituciones nacionales en sus esfuerzos por preservar la paz y la seguridad", e instó a todas las partes a mostrar moderación y respetar plenamente los compromisos asumidos en la Declaración de Baabda”.

El Movimiento del Futuro y la Coalición 14 de Marzo sostienen que el arsenal de Hezbollah proporciona una excusa para que muchos tomen las armas y formen grupos paramilitares. El ex PM Fouad Siniora, dijo que el ejército no puede tomar el control de del complejo en Abra y aplastar a los actos criminales de Asir para luego permanecer en silencio respecto a los apartamentos en el suburbio de propiedad de Hezbollah; Siniora puntualizó que los libaneses esperan que el Ejército trate a todos por igual y esperan que la ley se aplique a todos por igual.

El "fenómeno Al-Asir” surgió del deseo sunitas para hacerle frente a lo que ellos consideran es la intimidación chiita de Hezbollah, agravada por el hecho que su líder natural el ex PM Saad Hariri ha estado fuera del país por más de dos años debido a razones de seguridad. En medio esta ausencia, la influencia de los grupos religiosos sunitas que defienden el principio que "las armas sólo deben ser enfrentados por las armas" creció y los discursos de Al-Asir fueron bien recibidos por muchos sunitas y de hecho, el Movimiento Futuro fue culpado desde su base por no apoyar Al-Asir.

En las últimas semanas, los medios de comunicación han dado pasos acelerados para caracterizar Al-Asir y su grupo como diabólico, incluso acusándolos de terrorismo. En el marco de esta campaña, un video fue transmitido en el que aparece Al-Asir acusando a los cristianos de apostasía. Tras varias advertencias emitidas por el Comando del Ejército libanés, Al-Asir no detuvo sus movimientos y esto llevó a un enfrentamiento en un retén del ejército en Abra; la operación militar que siguió obtuvo el apoyo del Movimiento del Futuro, de la Coalición 14 de Marzo y todos los libaneses, a pesar de la división de las armas de Hezbollah y su papel en el Líbano y Siria.
En esta oportunidad, la toma del complejo en Abra fue relativamente sencilla –a pesar de las decenas de muertos- ya que Al-Asir tenía un total de 600 combatientes, pero la mayoría eran simplemente aficionados que obtuvieron las armas y que no participaron en enfrentamientos previos. Las autoridades de seguridad libanesas se están inclinando a no arrestarlos bajo el argumento que son víctimas de la retórica encendida de Al-Asir. Eso puede ser suficiente para convencerlos de abandonar el extremismo y volver a sus vidas normales.

Al-Asir peleó contra Hezbollah y el Estado, por lo que tenía pocas posibilidades de ganar. Sidón es un paso estratégico para Hezbollah, que une los barrios del sur predominantemente chiitas de Beirut con la fortaleza del partido en el sur del país. Las amenazas de Al-Asir de a cerrar la ruta se hizo intolerable para Hezbollah, más aun cuando el clérigo sunita podría haberse beneficiado de la asistencia de los grupos salafistas del campo de refugiados palestinos Ain Al Hilweh. La fuga de Al-Asir puede calmar momentáneamente las tensiones sectarias en Sidón, ya que los grupos salafistas que salieron a las calles en apoyo del clérigo sunita, lo hicieron de manera desorganizada y fueron fácilmente contenidos.

Lo cierto es que la situación de la seguridad en Líbano se está deteriorando rápidamente, especialmente luego de los enfrentamientos entre salafistas y soldados libaneses, ya que estos ataques están socavando la estabilidad política interna. Adicionalmente los combates marcan peligroso giro dentro de la dinámica política libanesa ya que ahora el Ejército está tomando parte en los duelos sectarios y ello profundizará las fracturas derivadas de las tensiones religiosas.

Este panorama se complica debido a la falta de un liderazgo estatal, que imparta directivas claras y sean acatadas por todas las partes involucradas; por otro lado, el papel político de Hezbollah -como un actor y parte del gobierno libanés- es una realidad y será inevitable que algunos sectores sunitas dejen de confiar en el gobierno central, debilitando la figura del Estado. El líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, ha invitado recientemente a los que se oponían al partido a luchar contra ellos en Siria, no en el Líbano. Muchos enemigos del partido chiita tomarán su oferta.


martes, 25 de junio de 2013

El Ejército libanés (y Hezbollah) controla Sidón


El gobierno libanés trata de asegurar el país después que los hechos más violentos, desde el inicio del conflicto sirio, empujaron a las milicias de Líbano a enfrentamientos sectarios; en la ciudad de Sidón los tiroteos entre el ejército y grupos radicales sunitas se extendieron después que soldados libaneses atacaron un complejo armado del clérigo islamista radical, Ahmad Al-Asir, y se detuvo a decenas de sus seguidores. El Ejército dijo que 12 soldados murieron en la operación contra el complejo de la mezquita de Al-Asir, pero un médico dijo que 22 cuerpos habían sido retirados del complejo; al menos cuatro tanques y varios vehículos militares en el lugar fueron incendiados y densas columnas de humos se levantaban sobre el lugar.

Los soldados tomaron el control de la mezquita de Bilal bin Rabah y el complejo que lo rodea en Abra, un suburbio de Sidón, poco después que Al-Asir huyó del local con rumbo desconocido; algunos reportes de prensa dijeron el líder religioso se fugó al campo de refugiados palestinos cerca de Ain Al-Hilweh. De acuerdo con las órdenes de detención emitidas por el Fiscal Militar de Líbano, contra Al-Asir y 123 de sus seguidores, Inteligencia del Ejército y otras agencias de seguridad están haciendo todos los esfuerzos posibles para localizar al clérigo sunita; entre los buscados se encuentra el ex cantante Fadl Shaker, quien renunció a su carrera para seguir al polémico sheik y supuestamente mató a dos soldados.

La batalla Sidón estalló la tarde del domingo poco después de que los partidarios militantes del jeque atacaron un puesto de control militar en Abra, con granadas propulsadas por cohetes, matando a tres soldados. Una fuente de seguridad dijo que las tropas no recuperaron los cuerpos de algunos combatientes muertos porque yacían boca abajo, lo que posiblemente indica que los cadáveres están conectados a explosivos, plantados por los partidarios de Al-Asir antes de abandonar el escenario de los combates. Ese mismo método se utilizó en la guerra de 2007, entre el Ejército libanés y Fatah Al-Islam, en el campamento de refugiados palestinos del norte de Nahr Al-Bared.

El Ejército dijo que sus soldados fueron atacados sin provocación y se comprometieron, en una declaración, a "golpear con puño hierro, por primera vez, contra cualquiera que se atreva a derramar la sangre del Ejército"; también trascendió que las operaciones militares en Sidón continuarán hasta que "la seguridad sea completamente restaurada en la ciudad y su entorno”. Sidón se ha convertido en una "zona de guerra", según un comunicado del municipio, y precisó que "la situación es trágica. No hay agua ni electricidad. El miedo está gobernando en las calles y los barrios".

Por informes de noviembre de 2013, se sabía que Al-Asir estaba formando un ala militar después que dos de sus guardaespaldas murieron en un tiroteo con elementos de Hezbollah y llamó a sus seguidores a tomar las armas contra el partido chiita. Desde entonces, cada vez que salía por los medios se mostraba armado al mismo tiempo que sostenía que esas armas solo debían ser manejadas por el Estado. En un vídeo publicado en YouTube el pasado domingo, Al-Asir señalaba su oposición al ejército libanés y denunciaba "A todos nuestros partidarios, estamos siendo atacados por el ejército, que es iraní y chiita. Hago un llamamiento a todos los partidarios de bloquear las carreteras y todo sunita honorable y no sunita a que abandone el ejército".

En medio de detalles poco claros del incidente de Abra, surgen tres preguntas: en primer lugar, ¿los insurgentes sunitas salafistas se trasladarán a otras zonas del Líbano, en Beirut, Trípoli o central Bekaa en apoyo de Asir?; segundo, ¿Cuál será la posición de los militantes palestinos en los campamentos de refugiados cercanos a Sidón?; y finalmente, ¿El ejército libanés será capaz de tomar una acción decisiva contra Al-Asir en Sidón, o la presente batalla es un nuevo capítulo en la lucha por desmantelar al Estado libanés?

Muchos sunitas libaneses sienten que perdieron su voz, ya que el PM Saad Hariri está en extranjero y ahora Al-Asir está terminado; subyace la idea que habrá una guerra regional, si Bashar Al-Assad cae en Siria, de la misma manera que los rebeldes sirios irán a Líbano para hostigar a Hezbollah. A los temores ya citados de los sunitas, ahora se debe agregar que los combates de Sidón terminaron luego de la cooperación abierta entre el Ejército y Hezbollah; el Ejército libanés es visto como un árbitro neutral entre las sectas religiosas, pero después de sufrir fuertes bajas en el primer día de los combates, el Ejército no tuvo más remedio que aceptar una afluencia masiva de combatientes altamente entrenados y bien equipados de Hezbollah que doblegaron a los radicales sunitas de Al-Asir.


viernes, 24 de mayo de 2013

El desafío de los salafistas en Líbano


La violencia en Trípoli amenazó con salirse de control la madrugada del viernes, ya que los esfuerzos del ejército no lograron detener el derramamiento de sangre en la segunda ciudad del Líbano, que ya se ha cobrado la vida de al menos 18 personas; de acuerdo con el patrón de los cuatro días anteriores, los enfrentamientos se intensificaron de nuevo la noche del jueves -con morteros y fuego de ametralladoras- y fuentes de seguridad dijeron que todos los esfuerzos por lograr un alto el fuego fracasaron y que los contactos entre los políticos y los líderes armados de Bab Al-Tabbaneh habían sido cortados.

Los comandantes sunitas de Bab al-Tabbaneh exigían que Rifaat Eid, jefe del Partido Democrático Árabe que domina Jabal Mohsen, salga del barrio; otra exigencia es que Hezbollah se retire de la ciudad siria de Qusayr. Los combates en Trípoli comenzaron el domingo, poco después que el ejército sirio con el respaldado de combatientes de Hezbollah, comenzó un asalto masivo contra los rebeldes sirios en Qusayr.

Los combates entre los barrios de Jabal Mohsen y Bab Al-Tabbaneh, se han prolongado durante décadas, pero esta última ronda de enfrentamientos ha sido inusualmente feroz y está probable ligada al conflicto en Siria; la actual lucha se ha propagado más allá de las tradicionales líneas de batalla del vecindario, con hombres enmascarados que se enfrentaron por casi dos horas contra las tropas libanesas en el callejón Khnaq de Abu Samra -al sur de Trípoli- después de la medianoche. Fuentes de seguridad estimaron que cerca de 1.200 proyectiles de mortero y granadas propulsadas por cohetes fueron disparados en Trípoli entre las 9 pm del jueves y 7 am del viernes.

La participación de Hezbollah en la lucha en Qusayr también ha agravado las tensiones entre los grupos partidarios del Sheikh salafista Ahmad Asir y los partidarios de chiitas de Hezbollah, al sur de Líbano; Asir envió combatientes sunitas para apoyar a los rebeldes en la ciudad siria y estableció sus "Brigadas de la Resistencia libres" en Sidón para defenderla contra las amenazas de Hezbollah, según el líder religioso sunita. En los enfrentamientos de noviembre, 3 personas murieron en Taamir y Asir ha surgido en los últimos dos años, como un duro crítico de las armas y del apoyo al régimen sirio, de Hezbollah.

Las fuerzas gubernamentales libanesas son superadas por Hezbollah, pero el grupo chiita -paralizado por un sistema político estancado y la ruptura sectaria- tiene una capacidad limitada para detener a los militantes sunitas en lucha interna. Una figura de la oposición siria, con sede en el Líbano y que participa en el suministro de armas a los rebeldes anti-Assad en Siria, dijo que los salafistas habían estado presionando para llevar la guerra con Hezbollah a Líbano durante meses, en respuesta al creciente apoyo directo del grupo chiita al régimen sirio.

Varios elementos nuevos han transformado la tensión local crónica en algo mucho más siniestro: los vínculos directos entre los enfrentamientos en Siria y en Trípoli, el movimiento de un número creciente de combatientes salafistas en el norte del Líbano y otras partes del país en los últimos años, la movimiento de combatientes desde el norte del Líbano a Siria para apoyar a los rebeldes anti-Al-Assad, y el papel autoimpuesto de los salafistas libaneses de contrarrestar la influencia de Hezbollah en Líbano y en los combates en Siria -especialmente en Qusayr-.

Esto no es un desarrollo repentino o inesperado. Los salafistas han operado en pequeñas cantidades en lugares aislados de urbanos y rurales de Líbano desde hace algunos años, a menudo creciendo en proporción directa a los conflictos adyacentes en Irak y Siria. Los grupos de militantes se enfrentaron con el ejército libanés y las fuerzas de seguridad en el norte hace unos años, principalmente en el campo de refugiados palestinos de Nahr Al-Bared. Más recientemente, los funcionarios de seguridad libaneses, expresaron su preocupación por el creciente número de salafistas en Líbano, basados en los barrios urbanos salafista como Bab al-Tabbaneh o en algunos campos de refugiados palestinos que escapan al control del Estado como Ain al-Hilweh, al sur.

Esto significa que ahora tenemos por lo menos tres clases distintas e identificables de los movimientos islamistas en el mundo árabe que se dedican a la acción política, social o militar pública: Hezbollah y Hamas, grupos de resistencia que están fuertemente enraizados en los nacionalismos individuales; los partidos como Ennahda en Túnez o la Hermandad Musulmana egipcia, que operan dentro de los canales disponibles de la participación política y la contestación; y los militantes salafistas que utilizan la violencia e intimidación para imponer sus formas estrictas sobre la sociedad.



jueves, 28 de febrero de 2013

Arsal: el nuevo frente de conflictos sunita-chiitas en Líbano

A las disputas entre sunitas y chiitas libaneses, que conviven en estrecha proximidad y que tienen el potencial de provocar grandes problemas en zonas desconectadas entre sí como Sidón, la Bekaa central y las áreas del sur de Beirut, ahora se suma el norte del Valle de Bekaa que comienza a transformarse en un área volátil debido a la dinámica de las comunidades chiitas y sunitas, agravada por sus raíces de fuertes tradiciones tribales y un marcado desapego a la autoridad del Estado. Las milicias locales son históricamente independientes y están bien armadas, al punto de decidir activamente en enfrentamientos dentro de la guerra civil siria.

Los sunitas del noreste Valle de Bekaa, con centro en la ciudad de Arsal, son partidarios acérrimos de la oposición armada siria; el relativo aislamiento de Arsal con respecto al resto del país y su proximidad a Siria -a través de rutas de las montañas despobladas del norte- permiten llegar a la zona de Al-Qusair y al este hacia la región Nabk, haciendo de Arsal un centro estratégico para los rebeldes sirios. Mientras que el noroeste del Valle de Bekaa es predominantemente chiita, con su centro en Hermel, es una zona donde Hezbollah domina y goza de un alto nivel de apoyo de la comunidad chiita local; y no es ningún secreto que combatientes de Hezbollah están operando dentro de Siria, especialmente en una serie de unas 23 aldeas pobladas por chiitas libaneses frente a la ciudad fronteriza de Al-Qasr –5 km al este de las aldeas en poder de los rebeldes-.

Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, recientemente acusó a los rebeldes sirios de atacar a los chiitas libaneses que viven en aldeas sirias y negó que elementos de su grupo hubiesen dirigido a los civiles libaneses en la resistencia; por su parte el Ejército Sirio Libre (ELS) amenazó con bombardear posiciones de Hezbollah después de acusarlos de disparar desde el valle de Bekaa contra aldeas bajo el control del ELS en la región de Qusayr. Lo cierto es que, además de acusaciones cruzadas, sirios desplazados habían huido a la región de Hermel, mientras que los que permanecen en las aldeas se han armado para defenderse y proteger sus propiedades, formando una milicia chiita siria que trabaja con Hezbollah.

Khaled Hmayed, un militante libanés, murió acribillado por disparos del ejército libanés hace dos semanas en circunstancias poco claras y la posterior muerte de -al menos- dos soldados libaneses a manos de los residentes en venganza, ha puesto a la ciudad de Arsal en el norte del Valle del Bekaa, en el centro de las miradas; la ciudad es un importante centro de apoyo logístico de los rebeldes que luchan contra el régimen sirio y debido a lo escarpado del terreno, los cruces fronterizos con municiones y heridos son difíciles de controlar. Desde asesinato de Hmayed, las tropas de elite del Regimiento de Asalto Aéreo de Líbano se han desplegado alrededor de Arsal, con puestos de control en la única ruta que conduce a la ciudad, buscando los coches y patrullas en las montañas y los alrededores, que por ahora han sellado efectivamente a Arsal de la guerra siria.

Fadi Sawan, Juez Militar de Instrucción, interrogó a Ahmed al-Hujairi, un detenido de la familia Al-Hujairi que era buscado por su participación en la emboscada a una patrulla militar en Arsal.

El ejército libanés dijo que Hmayed era un terrorista buscado y que fue asesinado al resistirse al arresto y tanto el gobierno como el ejército están exigiendo la entrega de los atacantes de los soldados muertos, pero los residentes de Arsal están pidiendo una investigación independiente sobre la muerte de Hmayed y afirman que fue una "ejecución". Sin embargo, el ejército se encuentra en una posición difícil. Mantener un estricto control sobre Arsal alejará aún más a los residentes y profundizará las acusaciones sobre la parcialidad del gobierno a favor del régimen sirio; Ali Hojeiry, alcalde de Arsal, se ha ganado un amplio apoyo de líderes sunitas libaneses que simpatizan con la asistencia a los rebeldes sirios. Pero si el ejército arresta a residentes sospechosos en la muerte de los soldados, se corre el riesgo de debilitar a una institución que muchos consideran como garante de la estabilidad interna; además los sunitas conforman la mayoría de los rangos más bajos, lo que podría poner a prueba la integridad del ejército en caso de enfrentamientos sostenidos con militantes sunitas libaneses.

Sin embargo lo que está sucediendo detrás de las escenas es la más preocupante. Al parecer, existe un plan de trabajo en los pasillos políticos, y dentro de los medios de comunicación diseñados para atacar el Movimiento Futuro y sunitas libaneses de línea dura: la representación de los acontecimientos en Arsal provocan una respuesta local, que a su vez permite afirmar que Arsal es un semillero de yihadistas fundamentalistas sirios -específicamente de Jabhat Al-Nusra-; el objetivo final es sellar Arsal evitando que su pueblo apoye a los rebeldes sirios y además se justificaría las armas de Hezbollah diciendo que hay focos ilegales, que representan una amenaza de seguridad fuera de las zonas controladas por Hezbollah.

Las exageradas las acciones del sheikh sunita Ahmad Al-Asir y su convoy turístico en las montañas del Distrito de Keserwan hace una semana para hacerlo parecer como si habla en nombre de los sunitas, cuando en realidad no lo hace, son parte de esto. En respuesta se organizan movimientos populares en apoyo del ejército y su liderazgo en áreas cristianas y chiitas, como sucedió después de la muerte del jeque Abdul-Wahed en Akkar. También se lanzará una campaña por los medios de comunicación para denostar a un grupo libanés particular, según el Movimiento del Futuro, el aspecto más importante del plan es contener la iniciativa del ex PM Saad Hariri, quien anunció que corren riesgo las elecciones parlamentarias debido a la nueva ley electoral.


jueves, 15 de noviembre de 2012

Todos tienen derecho a armarse en Líbano


Las tensiones entre sunitas y chiitas dentro de Líbano han ido en aumento desde que el jeque Ahmad Al-Asir comenzó a amenazar públicamente al poderoso jefe de Hezbollah, Hassan Nasrallah, en medio de crecientes temores sobre un contagio de los enfrentamientos sectarios de Siria.

Al-Asir con frecuencia se refiere a Hezbollah como "el partido de las armas" tras la negativa del movimiento chiita a entregar sus arsenales al Estado libanés; Hezbollah es la única facción libanesa a la que se le permitió conservar sus armas después del final de la guerra civil libanesa y el grupo sostiene que necesita las armas para la resistencia contra Israel, superando el poder del propio ejército libanés. Las crecientes tensiones entre los partidarios de Nasrallah y Al-Asir han causado alarma en los círculos políticos libaneses, al punto que el ministro del Interior, Marwan Charbel, pidió a ambas partes a que restablezcan la calma.

El Muftí del Monte Líbano, Sheikh Mohammad Ali Jouzo, dijo que Dar Al-Fatwa -la máxima autoridad religiosa sunita en Líbano- no pudo evitar que el jeque salafista Ahmad Al-Asir arme a sus partidarios ya que “mientras haya armas ilegales en Líbano, todo el mundo tiene derecho a adquirir armas" y agregó que Dar al-Fatwa, a pesar del hecho de que está en contra de las armas, no se puede rechazar la solicitud de Asir de poseer armas cuando "Hezbollah, el Movimiento Amal, el sirio Partido Nacional Socialista y el Partido Baa’th las tienen".

El presidente libanés, Michel Sleiman, convocará a funcionarios policiales y militares para discutir la seguridad en el país luego de los enfrentamientos del fin de semana se cobró la vida de tres personas en Sidón; la reunión del Consejo Superior de Defensa viene después de un enfrentamiento armado en el barrio Taamir -de Sidón- el pasado domingo entre Hezbollah y los partidarios del predicador salafista Ahmad Al-Asir que se cobró tres vidas e hirió a cinco personas; la reunión de emergencia del Consejo también se produce después de la explosión en Taamir, causando daños considerables a las viviendas y coches.

Las autoridades palestinas están preocupadas por la creciente tensión sectaria en el barrio Taamir, una zona pobre y densamente poblada de Sidón, que alberga tanto a sunitas como a chiitas y está al lado del campo de refugiados palestinos de Ain al-Hilweh. El temor radica en que las tensiones se extiendan sobre el campamento, que también alberga a facciones rivales palestinas –algunas de ellas con elementos extremistas- y quizás a la propia ciudad de Sidón. Sheikh Jamal Khattab, líder del Movimiento Islámico Yihadista, dijo que su grupo está trabajando en la prevención de la erupción de conflictos entre sunitas y chiitas; del mismo modo, los funcionarios de Usbat Al-Ansar, un grupo islamista en el campamento, dijo que sólo podían intervenir en eventos locales con el fin de restablecer la paz y por ello sus comandantes no han estado haciendo apariciones en los medios durante los últimos días.

Al-Assir no es Nasrallah y el tomará un tiempo acercarse mínimamente al poder y capacidad de Hezbollah, pero supone un desafío para la política y el gobierno libanés el argumento de armarse ya que Hezbollah no ha entregado sus armas oponiéndose incluso a dialogar sobre la posibilidad. Que Al-Assir haya propuesto la posibilidad que los sunitas se armen, es una peligrosa señal del grado de tensión dentro del escenario libanés, exponiendo los deseos de algunos sectores de terminar con el dominio de Hezbollah.


jueves, 19 de julio de 2012

La onda expansiva en Líbano de la bomba siria


El Consejo de Seguridad dijo que se siente alentado por la estabilidad que prevalece a través de la Línea Azul, que separa a Israel y Líbano, e hizo hincapié en la necesidad de avanzar en todas las cuestiones pendientes relativas a la aplicación de las resoluciones pertinentes. Los miembros del Consejo también recibieron con satisfacción la iniciativa el presidente libanés, Michel Sleiman, de la convocatoria al Diálogo Nacional y las declaraciones adoptadas para salvaguardar a Líbano del impacto de las tensiones regionales.

Aunque el Consejo de Seguridad también expresó su profunda preocupación por los repetidos incidentes de fuego transfronterizo entre Siria y Líbano, las incursiones, secuestros y tráfico de armas a través de la frontera así como otras violaciones, uno de los principales problemas que enfrenta Líbano -en la zona fronteriza- es la masa de sirios que escapan de la violencia.

El flujo de sirios que huyen del conflicto escapando de los disturbios aumentó luego de los bombardeos del miércoles en Damasco, fuentes libanesas de seguridad dijeron que la nueva ola de refugiados incluye a estudiantes libaneses que estaban estudiando en la Universidad de Damasco y se ha incrementado la cantidad de mujeres y los niños que llegan al país. Los sirios decidieron dirigirse al sur del Líbano, especialmente en las regiones de Tiro, Al-Zahrani, Bint Jbeil, y Al-Nabatiyeh.

Los estudiantes libaneses, afiliados a partidos régimen pro-sirios, que regresaron a Líbano habrían recibido amenazas por parte de "fuerzas de enmascarados", aconsejándoles no volver a Siria o de lo contrario, pueden enfrentarse a un destino desconocido"; los estudiantes describieron la situación en Damasco como "insoportable".

El ataque terrorista de ayer contra la cúpula del régimen sirio provocó reacciones totalmente antagónicas entre los grupos políticos libaneses, muchos de los cuales se definen por su apoyo o reprobación hacia el gobierno sirio; conocida la noticia en Trípoli –segunda ciudad libanesa con una mayoría sunita- se celebró con disparos al aire. Miles de refugiados sirios han llegado a Trípoli y las tensiones con la reducida pequeña comunidad alawita local fue en aumento cuyo pico fueron los enfrentamientos en el barrio de Jabal Mohsen y Bab Tabbaneh que dejaron más de 20 muertos.

Uno de los muertos en el ataque de Damasco es Assaf Shawkat -Jefe de la Inteligencia siria y cuñado del presidente sirio- quien durante la ocupación siria fue uno de los hombres más temidos en Líbano. Shawkat también fue uno de los más odiados ya que mantuvo el control del país desde las sombras y fue considerado como sospechoso por el comité de ONU que investiga el asesinato de Rafik Hariri en 2005.

En el día de su muerte, sin embargo, Shawkat parecía haber perdido toda la relevancia que tenía en la política libanesa años atrás; si bien los medios de comunicación libaneses le dieron prominencia a la noticia en el contexto de lo que está sucediendo en Siria, las estaciones locales de televisión marcaron sus diferencias entre los que describieron al hecho como "un acto de terrorismo" y llamaron a sus víctimas "mártires" -OTV de Michel Aoun y Al-Manar de Hezbollah- de aquellos que señalaron al ataque como “el principio del fin para régimen asesino”.

Funcionarios pro-sirios del gobierno libanés, mantuvieron un bajo perfil al momento de formular comentarios sobre el tema, y se excusaron argumentando que estaban trabajando en un comunicado; lo cierto es que no se iban a exponer a una escalada verbal cuando la situación es tensa y se mantiene el acuerdo alcanzado en la declaración de Baabda sobre evitar la retorica provocativa. Del lado de la opositora Coalición 14 de Marzo, las reacciones conservadoras no ocultaban su satisfacción por el hecho, aunque evitaron apoyar un acto de asesinato.

Otro signo de los cambios que se comienzan a ver en Líbano, es la creciente popularidad del Sheik Ahmad Assir entre los sunitas, hasta hace poco un desconocido clérigo local, pero que ahora se enfrenta a Hezbollah aprovechando que la imagen de la resistencia chiita se ha vista en tela de juicio luego de apoyar vehementemente las operaciones represivas del régimen sirio. Assir sostiene que su manifestación en Sidon se “convertirá en la Tahrir Square de Líbano”, aunque solo cuenta con 150 seguidores, la bandera de la “dignidad de los sunitas” es una consigna con mucho peso en momentos como el actual.

Si bien las tensiones sectarias de Líbano eran pre-existentes, se han agravado por la crisis siria debido a que la oposición es mayoritariamente sunita y está luchando para derrocar a un régimen dominado por alawitas, una rama de los chiitas; los sunitas libaneses sienten que la dominación de los chiitas, por intermedio de Hezbollah, es agobiante y se identifican con sus hermanos sirios. Pero también los cambios regionales también pesan sobre Hezbollah ya que la “Primavera Árabe” ha instalado en la mayoría de los Estados del Medio Oriente una oleada de partidos conservadores sunitas que comparten un resentimiento por la hegemonía chiita de Irán, junto a sus aliados Siria y Hezbollah.

En un discurso televisado en un acto de masas organizado por Hezbollah en el estadio de Al-Raya -en los suburbios del sur de Beirut- para conmemorar el sexto aniversario de la guerra de 2006 con Israel, Nasrallah dijo que Siria con Al-Assad fue el principal patrocinador de la resistencia contra Israel, no sólo en el popular y política de alto nivel, sino también en el plano militar. Nasrallah sostuvo que las armas más importantes que se emplearon contra Israel durante 2006 llegaron desde Siria y el líder de Hezbollah reconoció que "Siria corrió el riesgo de su presencia y del régimen por el bien de la resistencia".

Nasrallah ofreció sus condolencias por la muerte de los tres generales sirios –incluido Assaf Shawkat- en el atentado de Damasco, diciendo que tales actos sólo sirven los intereses de Israel y destacó que "Eran compañeros de armas a la resistencia y camaradas en la lucha contra el enemigo israelí." Hezbollah coloca la crisis de Siria en el contexto de una política a largo plazo de EE.UU. e Israel, para despojar a los Estados árabes de sus capacidades militares reales dejando una fuerza policial, como sucedió en Irak; por ello Nasrallah insistió en la necesidad que el ejército sirio se mantenga firme y derrote a los rebeldes.

Nadie sabe si el atentado en la sede del Ministerio de Defensa, un bastión fuertemente custodiado en Damasco, es el principio del fin para el régimen de la familia Al-Assad o si podría seguir gobernando en medio de un contexto de mayor caos. Los aliados más cercanos de Siria como Irán, Rusia y Hezbollah serían los probables perdedores si el poder se desplaza hacia los rivales de Al-Assad; Líbano, Jordania e Israel se beneficiarían si los nuevos dirigentes sirios cortan los permisos para el paso de armas desde de Irán a los grupos chiitas en Líbano y a lo largo de la frontera con Israel.

La inestabilidad derivada de la situación en Siria, no se terminará con la caída del régimen de Al-Assad, ya que los actores con intereses en la región continuarían con su intromisión externa apoyando a los vencedores y sus oponentes, respectivamente. Las tensiones internas, derivadas de las divisiones religiosas, se profundizarán ya que la minoría alawita controla gran parte de la riqueza y los recursos militares sirios –que Hezbollah necesita- mientras que la mayoría sunita apoyan a la oposición mientras que los cristianos y los kurdos se mantienen en la incertidumbre.

Líbano comenzará a sentir los efectos políticos derivados del posible derrumbamiento del régimen sirio, algunos partidos políticos de Beirut ya no tendrán un referente exterior que los apoye y valide, por lo que que comenzarán a depender de nuevas alianzas. Sin lugar a dudas, uno de los mayores afectados por este cambio del balance de poder será Hezbollah.


jueves, 28 de junio de 2012

Salafistas piden una solución a las armas de Hezbollah


El jeque sunita Ahmad Assir y alrededor de 150 seguidores suyos, instalaron una carpa bloqueando los accesos norte y sur de Sidón en la noche del miércoles, en medio de una protesta pacífica hasta que se logre una solución a la cuestión de las armas de Hezbollah.

El Mufti de Sidón, Sheikh Salim Soussan, llegó al lugar de la manifestación y mantuvo una reunión privada con Assir, en un intento de convencerlo de suspender la protesta, pero el Mufti se fue del lugar sin hacer declaraciones. Assir había dicho a los medios que “Todos tienen miedo a la guerra en Líbano, pero ya no podemos vivir sin dignidad; los brazos de la resistencia de los partidos se robaron nuestra dignidad". Qassem Hashem, parlamentario del partido Baa’th, expresó su sorpresa por la forma como el gobierno se está ocupando de lo que él llamó "el fenómeno Assir" y que el enfoque del Consejo de Ministros huele a "la mendicidad y a la subordinación lógica de la corrupción."

Assir sostiene que Hezbollah debe desarmarse y que sus armas deben entregarse al Estado, ya que son la fuente de crisis más importante en Líbano, y sobre la presente demostración señaló que está dirigida a denunciar “las armas que sostienen al régimen criminal en Siria.” La sentada también se produce días después que unos hombres armados dispararon contra la sede de la televisión Al-Jadeed, en el oeste de Beirut, después una entrevista con Assir, donde criticó al líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, y renovó su apoyo a la "revolución siria".

La embajada de Arabia Saudita en Líbano negó haberse contactado con Assir, como lo afirmó el jeque en su entrevista con Al-Jadeed; Asssir dijo que la embajada le solicitó una reunión pero él se negó. En un comunicado, la embajada pidió que se investigue la identidad de la persona que supuestamente en contacto con él y advirtió contra el intento de implicar a nombre de la embajada en los asuntos internos de Líbano."

Luego de una reunión con el gobernador en funciones del sur de Líbano, Nicolas Bou Daher y Tarek al-Abdullah, comandante de las Fuerzas de Seguridad Interna en el Sur, Assir renovó su intensión de mantener la protesta hasta que se solucione el tema de las armas de Hezbollah. Abdullah y Daher fueron enviados por el ministro del Interior, Marwan Charbel, para convencer a Assir de ponerle fin a la sentada en la entrada este de Sidón.

Assir dijo a la prensa que el medida es "pacífica" como las protestas de la Plaza Tahrir de Egipto, que acabó con el presidente Hosni Mubarak, el año pasado; sin embargo Assir señaló que "Si no vemos una respuesta a nuestras demandas para ponerle fin a las armas fuera del Estado, vamos a intensificar la protesta. Nosotros no estamos tratando con gente normal sino con gente que se consideran dioses" en una referencia implícita a Hezbollah.

El aumento de las tensiones entre sunitas y chiitas, en Líbano, reflejan un creciente antagonismo regional entre ambos dos grupos, que se potencia por los enfrentamientos entre Irán y Arabia Saudita por el futuro de la actual crisis en Siria; a ello se debe sumar que Damasco tienen una estrecha vinculación con Beirut y mientras el régimen sirio aumenta la violencia contra los grupos sunitas en ese país el malestar crece en Líbano.

Las acusaciones de Assir, tanto sobre la seguridad nacional de Líbano como la falta de una autonomía de los partidos políticos por sobre sus brazos armados, no son una realidad nueva sino que se ven magnificados por la crisis siria y las injerencias de las potencias extranjeras en ambos países. La retórica de Assir solo ha servido para alimentar aún más las tensiones sectarias con sus críticas permanentes a Hezbollah y las acusaciones sobre ataques a los sunitas libaneses; obviamente los partidarios de Hezbollah no son los únicos afectados por Assir, sino que los chiitas en general se ven afectados por esos dichos.

El dato preocupante es el crecimiento que se ha venido registrando de elementos salafistas dentro de Líbano, si bien los partidarios de Assir no son una amenaza militar para Hezbollah, un aumento en las fricciones entre ambos sectores religiosos. Esta polarización empujará a los sunitas hacia los salafistas radicales como Assir mientras que los chiitas moderados –frente a una amenaza de este tipo- se alinearán con Hezbollah.